Pintaba desde pequeña me quedaba ya a las horas de madrugada leyendo y pintando y recuerdo a mi madre cuando se levantaba a veces y me decía: “pero Blanca qué haces, estás loca, mañana tienes colegio, son las 4:00 de la mañana, te tienes que levantar a las ocho”.

 

Más adelante empecé a pintar los botes de Nesquik y muchas botellas y estaba un poco obsesionada con el reciclaje y el cristal porque en aquel momento prácticamente no se reciclaba cristal y a mí me parecía una aberración tirar todo ese cristal que se usaba y volver a usar más y más cristal.

Recuerdo que en el año 2000 aproximadamente empecé a compaginar el trabajo por aquel entonces en una inmobiliaria que hacía una suerte de reformas y decoración en las casas antes de comprarlas, con mi faceta de pintar sobre muy distintos soportes.

En ese momento empecé a recuperar puertas viejas gracias a un amigo profesor de la facultad de bellas artes, un día cuando vio lo que pintaba me dijo: “tienes que pintar en grande”, pero yo tenía mucho miedo a pintar en grande y las puertas eran más grandes pero los plafones limitaban mi pintura y eso me lo hacía más fácil.

Aunque luego terminé pintando murales de más de dos metros de largo y paredes enteras. Uno de mis murales salió en la revista Micasa

Fue en el 2010 cuando acontecimientos un tanto peculiares me llevaron a tomar la decisión final. Tuve mi tercer accidente de coche y a mi padre le dio un ictus y eso me hizo plantearme si realmente estaba teniendo o haciendo la vida que quería, así, decidí lanzarme a lo que realmente me llenaba y más me gustaba hacer que era pintar.

Apareció en mi vida La casa del Arco, una plataforma necesaria y preciosa. Fue una etapa maravillosa en la que el conocimiento de artistas que pasaron por las diferentes exposiciones me mostraron una cara increíble del arte.

Una de las personas con las que me crucé en el la casa del Arco fue Mariano Resquín que me hizo varios vídeos de todas mis cosas y todavía me sacan una sonrisa y me emociona cuando los veo y me hacen echar la vista atrás con mucho cariño.

Dejando mi imaginación volar aparecieron los los Renatos, las mantelerías y juegos de sábanas, también las baldosas hidráulicas, las tazas, los Sings…

Hace dos años descubrí la resina, un material increíble para en capsular el color que es una cosa que siempre me ha fascinado. De alguna manera la resina te permite hacer eterno el color y mantenerlo como si fuera una pieza de ámbar para siempre.

Aún así sigo creo bastante fiel a mi estilo y a esa forma peculiar de entender el color y todavía mis dibujos de puntitos que tanta gente ha comparado con los aborígenes australianos o con la pintura mexicana o con diversas pinturas primitivas de varios puntos del planeta.

Esa forma de pintura la mantengo bastante en los árboles y las raíces aunque también utilizo sprays de grafiteros y algunas otras técnicas pero sigue siendo bastante constante con esa pintura inicial de esas piezas pequeñitas que solía hacer antes. La idea de pintar árboles me la dio mi amigo Maurizzio porque tenía unos troncos de antiguos poste de madera de la luz y me dijo que le gustaría tener uno pintado por mí en su jardín.

Abierta a cualquier oportunidad de creación, mi último encargo realizado con pintura y vinilo es la realización de unas agendas y libros de notas que se entregarán como regalo en la I Jornada de Otoño en Cadiz…