Un año sin ti

Retrato de Luis Quintero por Manuel Cano López

Conocía Luis no hace muchos años pero la amistad con él fue una especie de flechazo inmediato así como de Mercedes (también artista pero más dedicada a él que a sí misma) su compañera del alma y de trabajo durante la mayor parte de su vida y de su trayectoria artística

Luis tenía una profundidad de pensamiento, una ironía y cierto existencialismo surrealista en su obra prácticamente irrepetibles. Y por otra parte un savoir-faire, una delicadeza y un cuidado de las piezas tremendamente preciosista. No es extraño que durante algún tiempo al final de sus días se dedicara hacer joyería, piezas increíbles con un diseño sencillo elegantísimo y cargadas de perfección y de belleza. Siempre le decía que ponerse un anillo suyo era como llevar una pequeña escultura en el dedo.

El Enigma. LUIS QUINTERO

Muchas veces hablábamos sobre arte aunque teníamos un concepto un poco diferente porque él pensaba en el arte más como expresión de la trascendencia y que no todo el mundo podía ser artista. Yo quizás en eso soy un poco menos elitista de lo que él era y de alguna manera defiendo que el arte está en todo aquello donde queramos verlo y que al final se trata de embellecer la vida y hacerla mejor y hacer más llevadera su parte más pesada

Él insistía en que la proliferación de “artistas” conllevaba la destrucción del arte y yo sostenía que era mejor que la gente se dedicara a algo creativo que le emociona que a cosas que le disgustan y le alienan y que era más fácil que de la multiplicidad surgiera el talento y de ahí la transcendencia, siempre teniendo en cuenta que la Historia es como el juicio final y que caprichosamente, algunas veces, decide quién pasa a formar parte de esa suerte de reino de los cielos.

Luis Quintero con Jorge cabezas en La Casa del Arco

Ese ejercicio que es el acto creativo, aunque no siempre sea certero, sí es una forma de arte aunque no coincida con nuestros criterios. Por eso la historia del arte juzga a veces a artistas que no nos agradan o con los que no coincidimos como genios. Tal vez esa sea la razón de que el mundo del arte nos resulte esa especie de entelequia abstracta difícil de dilucidar y de comprender. Una especie de monstruo de tres cabezas que por un lado devora a los artistas vivos, por otro desecha a muchos pequeños artistas que a veces están cargados de talento y quedan olvidados para siempre y, por otro, también se nutre de antiguos artistas elevándolos a la categoría de semidioses que consiguen vender cuadros por precios que podrían acabar con el hambre en el mundo.

Pandrilo. LUIS QUINTERO.

Esa derivación del arte tampoco le gustaba mi amigo Luis y en eso coincidíamos plenamente. Por eso se vuelve a abrir en mi cabeza la posibilidad de hacer un nuevo post hablando sobre la el arte para explicar por qué el arte mejora el mundo, por qué es necesario y por qué hace falta que el arte forme parte de nuestras vidas de una manera económicamente sostenible, pues el arte también ha dejado de ser económicamente sostenible como tantas cosas en este planeta.

Por eso creo que necesitamos muchos artistas como lo fue Luis, un artista necesario aunque quizás no lo suficientemente reconocido ni consagrado, artistas que creen y crean en un mundo y que consigan generar un tejido lo suficientemente tupido como para que no se desequilibre más este sutil baile con el lugar donde habitamos en el que estamos pisando todo el rato a nuestra pareja de baile.

En tu Nombre. LUIS QUINTERO

La Muerte por Delante. LUIS QUINTERO

El arte no se trata de usar y tirar. Tampoco de comprar y vender, a pesar de que los artistas necesiten dinero para sobrevivir. Aunque el consumismo exarcerbado, la especulación arbitraria y el deseo de acumulación de riquezas se haya cebado con el mundo del arte de una manera insana.

 

El talento creativo, la pulsión de pintar, de escribir, de hacer música, de modelar… no es destructiva ni consumista. Quizá tenga que ver con un deseo de, como decía Luis, transcendencia, de ir más allá de la esencia de las cosas para poder recrearlas aunque ya no estén y con algo mágico que, como imagino intentarían hacer los neardentales de las cuevas de Altamira, capte la esencia de la emoción que se asocia a una vivencia, sea cual sea.

 

Eso es lo que me gustaría hacer a mí con Luis, poder volver a tener algo de su esencia y su presencia. Tengo mi memoria pero la memoria con el tiempo falla. Y tengo su obra, eso no falla nunca, aunque él no esté. Esa es su transcendencia.